
IVán reposa después de una caminata en una habitación de la kasbah. Una llamada inesperada. El tono del móvil rompe por un momento el silencio del atardecer en El Kelaa. Con desgana, Iván recoge el teléfono y pulsa el botón verde. Sabe quien llama y merece la pena. Le gustaría que estuviera allí, compartiendo ese cálido rincón donde el tiempo se paraliza y las sensaciones aumentan de intensidad. Confidencias, susurros y un "tenemos que venir juntos"... Luego nos dijo que le llamó Pepe.
Luis se encargó de que pudiéramos recordar ese momento de noviembre 2006.

