




Con estas cinco fotos quiero intentar resumir mi viaje a Kasbah Itran el pasado mes de octubre. Un viaje que hizo que mi vida no sea la misma. Ver la alegría de sus gentes, la filosofía de compartir hasta el último pedazo de sus pequeñas posesiones, la hospitalidad con la que nos trataron y los paisajes inolvidables fue una experiencia única. Fue una visita breve, la próxima será más larga, pero lo suficiente para entender que en Kasbah Itran el tiempo se detiene. Allí las noches son mágicas y las mañanas aventuras. Cada día nos servían un gran desayuno (como podéis ver en la foto) que nos daba energía para llegar a cualquier sitio y por las noches nos amenizaban con djembes, darbukas y demás instrumentos.
Nunca olvidaré las sonrisas de Abdul, su familiaridad y sus paseos (podéis ver en las fotos los paisajes que nos mostró). Su fortaleza con calor y andando sin cesar durante el Ramadán, lo que no le impidió mostrarnos la belleza de la zona sin perder su buen humor.
Desde que pisé Kasbah Itran me dijeron que era mi casa, que ellos eran mi familia de allí y fue tan grande la hospitalidad que Mohamed nos presentó a su encantadora familia y nos ofreció una deliciosa cena en su propia casa.
Pero lo que completó el viaje fue la visita a Megdaz y conocer al sr. Lasan (me podéis ver con él en una de las fotos). Hombre peculiar donde los allá y considerado por muchos, según nuestro guía, un filósofo. Observarle es ya un placer transmite paz en cada uno de sus movimientos pero verle hablar con gente es un espectáculo, no hay nadie que no sonría al verle. Me quedo con una frase que me dijo (por supuesto la tradujo el guía) “Cuando las palabras no llegan, el corazón habla”.
Creo que un viaje así debe hacerse al menos una vez en la vida porque después ya nada es igual.
Pueden ver mis fotos quien tenga facebook estoy registrada como Clara Pinto Pascual.